diumenge, 28 d’abril de 2013

Fortaleza

Muchas veces he escuchado a madres que han perdido a su bebé como dicen que "deben ser fuertes". Pero, ¿qué quiere decir esa frase? ¿A qué se refieren? ¿Qué significa?

A veces me da la impresión de que es como una imposición (¿de quién?). No permitirse estar mal, llorar, sentir rabia... ¿Por qué? Y sobre todo, ¿para qué? ¿Cuál es la finalidad? Si pudiéramos elegir lo que sentimos, siempre nos quedaríamos con las emociones positivas, ¿no? ¿O hay alguien que diría No, yo prefiero estar enfadad@ todo el día?

Entonces, si no elegimos lo que sentimos, ¿por qué no podemos exteriorizarlo? ¿No será mejor sacarlo fuera que intentar luchar contra ello? Porque, al fin y al cabo, ¿a quién beneficia que no lo hagamos?

¿Dónde está la línea que separa el permitirse sentir con el sufrimiento elegido?

No soy ningún ejemplo, no tengo la única razón, ni la solución. No soy psicóloga, ni lo intento. Soy una madre que ha perdido dos hijas en el útero y sabe lo que le ha funcionado.

Intenté ser eso que dicen "ser fuerte" después de perder a Júlia: seguir adelante como si lo ocurrido fuera un hecho puntual en mi vida. Pero no sirvió de nada. Cuando Aina nos dejó fui realmente valiente, porque fui capaz de enfrentarme cara a cara con el dolor, vivirlo intensamente, sentirme vulnerable, muerta, perdida... No hay valentía sin miedo y yo tuve mucho: a no volver a ser la misma, a no recuperarme nunca, a perderme y no encontrarme jamás, a que la tristeza se apoderara de mí, a perder mucho más que a mis hijas... Pero eso no ha pasado.

Para mí esa ha sido mi fortaleza: permitirme sentir, llorar mucho, enfadarme con la vida y con el mundo y a pesar de ello, seguir adelante, buscar la ayuda necesaria, intentar ver todo lo positivo de la experiencia,  aprender de ello, encontrarle un sentido, sin olvidar lo ocurrido, darle la importancia que para mi tiene, siendo sincera conmigo misma...

No soy la misma que era antes. Me he redescubierto, me he recuperado, me he recompuesto... Soy feliz y estoy orgullosa de mi misma porque, en mi debilidad, he encontrado mi fortaleza.

dijous, 25 d’abril de 2013

Mini-líder

Las nuevas tecnologías a veces sirven de mucho. He estado releyendo antiguos mensajes, parte de mi historia al fin y al cabo, y he encontrado algunas joyitas de mi vida con Júlia que no recordaba.

Mis primos han sido personas muy importantes en mi vida, hemos crecido juntos. Pasado el tiempo nos seguimos encontrando en divertidísimas "cenas de primos". Tenía guardados los mensajes que nos mandábamos para organizarlas. Antes de que el "guasap" se instalara en nuestras vidas, lo mejor era "feisbuc".

Me parece mentira no poder recordar el momento y la manera en que contamos que Júlia había llegado a nuestra vida. Si tengo la imagen de mi prima, la pequeña (21 años, pero la pequeña), emocionadísima por la noticia. Lo pasó muy mal después con su partida. ¡Le hacía tanta ilusión!

Cada prim@ (y sus parejas) tiene un mote. No se perdona nada: cualquier acontecimiento, situación, expresión, metedura de pata..., te marca de por vida en la familia. La verdad es que es muy gracioso. Mi obsesión organizativa me llevó a ser llamada "la líder" (aunque las malas lenguas dicen que es porque siempre se hace lo que yo digo...)

Así que Júlia, por culpa de su madre, se convirtió en la mini-líder. ¡Me entusiasma el mote! ¿Cómo podía haberlo olvidado? Es perfecto para ella, porque además deja entrever ese sentido del humor (semejante al mío) que intuyo que tendría. Sé que puedo estar equivocada, ojalá hubiera podido conocer su caràcter... Pero imaginar es gratis y si sólo puedo basarme en el tiempo que pasamos juntas, tiene que ser así. He pasado por situaciones con ella que, por duras que fueran, me han hecho reír.

Tendré que crear una entrada llamada "Experiencias surrealistas con la mini-líder".

Mi niña, mi hija mayor, mi mini-yo... T'estim

dimarts, 23 d’abril de 2013

La primera vez que la vi

Pocas semanas después del positivo nos llevamos el primer susto: al ir al baño apareció la sangre, la temida sangre. No recuerdo mucho más... Creo que estaba sola en casa y llamé a mi madre para que me acompañara al hospital. A partir de ahí está todo borroso, imagino que mi mente estaba centrada en pedirle a mi bebé que se quedara.

La próxima imagen que tengo es la de estar tumbada en el potro, que a l@s ginecólog@s les irá muy bien para explorar, pero que es incómodo de co...nes (intento evitar los tacos en el lugarcito de mis niñas) y con el odiado ecógrafo transvaginal en mi interior. 

Me da por imaginar qué pensaría si no lo hubiera visto en mi vida, si no conociera esos aparatejos. ¡Ni que me paguen me sentaría yo allí y me dejaría introducir semejante falo! No me digáis que no tienen toda la pinta de instrumentos de tortura.

Recuerdo que el ginecólogo me pareció muy gracioso. Realmente no lo recuerdo bien, pero en mi mente es la suma entre Charles Chaplin y Steve Urkel, con acento latino. Seguramente es muy diferente en la realidad, pero esa es la imagen que se guardó en mi memoria, distorsionada por los nervios, la angustia, las hormonas, la falta de atención y de interés por mi parte en su aspecto.

Empieza a explorarme y llama a la enfermera: Mira, ¡esto es increíble!. Me asusto más. ¿Qué especie de alien habrá encontrado el doctor en mi vientre? Al ver mi cara gira la pantalla hacia mí. Aquí se ven dos latidos, me dice. ¡Queeeeeeeeé! No sé si reírme o llorar de emoción. Esto no me lo esperaba.

Me explica que es muy pronto para saberlo, que estaré de unas 5-6 semanas. Se ve claramente un solo saco gestacional y, al parecer, dos polos embrionarios de 0.37 y 0.39 mm, respectivamente (he tenido que mirar el informe para recordar las medidas). Según me explicó ese "otro latido" podría ser mío (algún vaso sanguíneo de por ahí). Al parecer todo estaba bien, excepto por un pequeño hematoma que era el que provocaba el sangrado (y que se reabsorbió poco tiempo después).

Soy una inculta total en estos temas, pero siempre me ha quedado la duda de si ese segundo latido sería otra pequeña vida, de la que nunca más se supo... 

Os dejo la primera "foto oficial" de Júlia: la primera vez que la vi. Esa eco que me mostró que ese embarazo era real, que una vida (o dos) crecía en mi vientre.

02/06/11

Dos semanas más tarde volvimos, por otro sangrado. Pregunté: ¿Cuántos son? La ginecóloga, no tan graciosa como su compañero y mucho menos efusiva, me dijo con cara extrañada y algo seca que era uno. Me miró con cara de ¿cuántos esperabas? Tuve que explicarle la eco anterior (creo que tomó a su colega por tonto).

No sé si sus palabras nos tranquilizaron o nos desilusionaron. Nos habíamos hecho a la idea de que serían dos... Aunque lo único importante es que estaba bien. Mi precioso embrión de prácticamente 9 semanas había crecido. Ya medía 20.8mm y latía fuerte. ¡Qué ilusión poder escucharlo!

Ya colgué esta eco aquí, pero vuelvo a hacerlo. Es mi gran tesoro (no guardé nada más de mi bella florecita). Y no me canso de mirarla.

19/06/11

dijous, 18 d’abril de 2013

Historia de un cojín

Estoy vaga, vaguiiiiiiísima, con las tareas de la casa. Tengo que reconocerlo. La verdad es que nunca han sido mi fuerte, pero últimamente ¡qué pereza me dan! Por suerte o por causalidad (he retirado la palabra "casualidad" de mi vocabulario), el tiempo atmosférico ha decidido ponerse de parte de mi casa y ha provocado que tenga que poner, al menos, orden en los armarios. Eso o me resignaba a asarme en los jerséis de cuello alto. De todas maneras, bienvenido sea el solecito.

Tiene su encanto eso del "cambio de armario". Descubres prendas de ropa, zapatos y demás que no recordabas. ¿También os pasa? Hace hasta ilusión pensar en ponértelo de nuevo. Muchas de las prendas traen consigo un recuerdo de lo vivido el año o años anteriores. Inevitablemente mis recuerdos de la temporada primavera/verano de los dos últimos años están ligados a mis hijas, con Júlia y sin Aina.

Qué razón tenía Mónica Álvarez en el artículo que compartí en una entrada anterior: los hijos marcan tu historia. Dejan huella incluso en aspectos tan cotidianos como la ropa que nos ponemos: la camiseta que tanto me gustaba porque dejaba entrever mi vientre y que ahora marca una barriguilla que no me emociona tanto, el pantalón que dejé de llevar porque no lo podía abrochar, el vestido que llevaba el día que me despedí de Júlia, alguna ropa premamá que me prestaron y que aún no he podido/querido devolver... 

Una parte de nuestra historia ha quedado impregnada en esa ropa y no sé si podrá irse, por muchas lavados que sufran. Me pregunto que haré con ellas cuando ya no me las ponga. Esa prendas no sirven para trapos... 

Me ha emocionado especialmente reencontrarme con el cojín de lactancia. Estaba en el altillo del armario, esperando en su "casita" de plástico, junto a las cajas de los zapatos y sandalias. Realmente sabía que estaba allí, pero verlo de nuevo...

Debía estar acabando el primer trimestre del embarazo de Júlia. Solía dormir bocabajo, pero mi barriga se hizo evidente muy pronto y me sentía incómoda en esa postura. Entre la incomodidad y mis temores, no había manera de conciliar el sueño. Pensé que si arreglábamos lo de la postura, quizás el resto... La verdad es que funciona, no quitó el miedo, pero me ayudó a sentirme cómoda de lado. Es curioso pero ya no he vuelto a dormir bocabajo, incluso sin cojín.

Fuimos a comprarlo mi madre y yo. ¡Con las ganas que tenía mi madre de comprar cositas para el/la nieto/a! Ya sabéis que yo era muy reticente a las compras, pero eso no era propiamente para el bebé, al menos de momento. Aunque esperaba que mi hij@ lo utilizara algún día.

Llegamos a la tienda y pedimos, mientras miro de reojo la ropita de bebé. Aún no, es demasiado pronto, me digo para mí. ¿Por qué me cortaría las alas yo misma? No hacía falta comprar nada, pero me hubiera gustado permitirme mirar, imaginar e ilusionarme. ¡Era mi primer embarazo!

La dependienta de la tienda nos pregunta ¿es para niño o niña?. Es eso tan importante para un cojín de lactancia?, me pregunto. Es que sólo me queda uno y es rosa, nos aclara al ver nuestras caras de asombro. No importa, ¡es para mí!, le digo riendo. Quizás fuera causalidad...

Tengo que reconocer que lo del rosa y el azul me pone de los nervios. Me alegré incluso de que fuera rosa, porque yo imaginaba que sería niño (no me ganaría la vida como adivina) y esa era una buena manera de rebelarme contra ello. Aunque al final, sin pretenderlo, he caído en la tentación y elegí el rosa para las flores de mis hijas. Será que de tanto rosa y azul de generación en generación se ha quedado grabado en el ADN.

Y con ese cojín compartimos noches Júlia y yo. Al irse lo compartió con su hermana. Seguí un tiempo durmiendo con él también después de su partida. Ya me había acostumbrado. Noches mejores y peores, algunas de insomnio, viendo la tele. ¡Qué difícil era darse la vuelta! En verano, con Júlia, no hubo problemas, pero durante el invierno, con Aina, entre nórdico y cojín, cada vez que me movía destapaba al papá. ¡Pocos resfriados ha tenido!

Esta entrada tiene muchas etiquetas. Un simple cojín me ha trasladado a los días con y sin Júlia, con y sin Aina. Me deja con una sonrisa (y algo de nostalgia) para irme a la cama, sin cojín. De momento no hace falta.

Os dejo una fotito del susodicho. Sé que no hace falta, quién más quien menos sabe lo que es. Pero, ¿a que no sabíais que con él también se pueden escribir? Os dejo la J de Júlia. Al fin y al cabo es su cojín.

dijous, 11 d’abril de 2013

Mi gran amiga

Los padres y madres que hemos perdido a nuestros bebés pensamos que sólo nos puede entender quién ha pasado por ello. Quizás sea así, nadie que no haya sentido ese dolor antes puede saber a qué nos enfrentamos. Pero eso no significa que no sepan acompañar como merecemos.

Tengo una amiga, una gran amiga, que no sabe qué es perder un hijo en el vientre (y deseo que nunca lo sepa). Pero ha estado ahí, a mi lado, incondicionalmente, incluso cuando he necesitado mi espacio. Ha sabido anteponer mis necesidades a las suyas, ha dejado de lado sus creencias, su manera de ver las cosas y simplemente ha escuchado la mía, sin juzgarme, adaptándose a mis cambios. Ha confiado en mí y en mi capacidad de seguir adelante, ha dejado de lado los consejos, las críticas y las opiniones. Ha aceptado a esta nueva yo con los brazos abiertos, me ha reconocido como madre y a mis hijas como tales, sus "sobrinas". ¿Y aún así se atreve a dudar de si ha estado "a la altura"? 

La admiro. La quiero. 

Ayer estuvimos juntas y me dio su regalo. Ese que hace tanto tiempo que viene preparando, preguntándose si es el momento o no de darlo... Todo llega en el momento adecuado.

Un papel de regalo de mariposas, con una preciosa tarjeta: un librito con mil detalles, solapas, desplegables... En cada espacio un escrito para mí, para Júlia, para Aina. Incluso algún lugar vacío para continuar la historia, nuestra historia...


Un móvil hecho por ella con todo tipo de significado: la rama (natural, de la tierra, fuerte, sosteniendo...), de la que cuelgan piedrecitas de colores (que dejan pasar el sol e iluminan el entorno), las dos flores (una rosa y la otra anaranjada) con un cascabel (el sonido de los ángeles), un corazón (el mío) y las iniciales de mis hijas en papel de mariposas (así es como ella las imagina) y arriba del todo la palabra "sempre" (siempre).


Hubo un tercer regalo, para el futuro. Un cuento (que tanto me gustan) titulado El mundo al que vienes. Es un cuento para contarle a mi bebé durante un futuro embarazo. A mí me ayudará a crear ese vínculo que tanto temo y también así "convencer" a mi futur@ hij@ para que se quede con nosotros. Es un libro con imágenes que me encantan, con diferentes pestañas, que explica lo bonito e increíble que hay en este mundo, y algunas cosas no tan bonitas... Me encanta especialmente la frase final: Pero seas como seas, nosotros aquí ya te hemos hecho un hueco y te esperamos con nuestra mejor sonrisa nueva.

Hoy me siento especialmente afortunada. 

Gràcies, nyasso! T'estimam!

Júlia, Aina i la seva mamá

divendres, 5 d’abril de 2013

Los calcetines de Júlia

El primer regalo para Júlia se lo hizo su abuela. Aunque yo me negaba a comprar nada hasta que el embarazo estuviera más avanzado, ella no pudo reprimir las ganas y le compró estos bonitos calcetines.


Ahora me alegro mucho de tenerlos. Ojalá no hubiera reprimido las ganas, ojalá no hubiera sido tan prudente, tan miedosa... Ojalá me hubiera atrevido a disfrutar más y mejor del ahora y no preocuparme tanto por el futuro. Ojalá tuviera más recuerdos del tiempo que pasamos juntas. Aunque haciendo este especie de diario de mi vida con ella me doy cuenta de que lo importante no es sólo tener, sino haber sentido, haber vivido esas 20 semanas con ella.

Este regalo es un tesoro. Son y serán siempre los calcetines de Júlia. No sé qué pasará en un futuro: quizás los comparta con un hermano o hermana o puede que se queden guardados en su cajita (que algún día acabaré). 

Son mucho más que sus calcetines, son el símbolo de la ilusión y el amor con que la esperábamos.

Anunciando su llegada

Después de ver esa maravillosa línea morada en el test de embarazo, el papá se fue a trabajar y yo a ver a la recién estrenada abuela, mi madre.

Recuerdo que estábamos en el baño. Ella se preparaba para ir a trabajar. Le debió extrañar mi visita, a esas horas de la mañana. Le enseñe el test. ¡Cuánta emoción! Yo aún estaba en mi nube, pero los miedos, la preocupación, empezaron a aparecer y me hacían bajar de vez en cuando. "Ahora ya nunca dejarás de preocuparte".

Le pedí que no dijera nada aún. Mi hermano y ella trabajan juntos, y quería que él también lo supiera por mí. Con las ganas que tenía ella de poder contar que era abuela y tenía que contenerse... Recuerdo una llamada de "a ver si se lo dices a tu hermano ya!!". Las abuelas, ¡como son!

Después me tocó a mí irme a trabajar. Fui incapaz de aterrizar. Tengo la imagen de estar en la sala de coordinación y pedir perdón a una compañera por estar ausente. No quería decir nada aún, pero las palabras salieron de mí sin pensar: es que me he enterado esta mañana de que estoy embarazada.

Incluso tuve que salir a hacer una llamada a mi gran amiga. Ella también estaba esperando la llegada de su bebé. Creo que tenía que contarlo para creerme yo misma que era real.

Por la tarde fuimos a ver al abuelo. Él se contuvo más. No sé si es que no se lo acababa de creer o que estaba preocupado... Nosotros contando la noticia y él hablando de sus problemas con la cámara de vídeo. Sea como sea sé que fue muy feliz.

Con mi hermano nos costó. ¡Vaya tío más atareado! No había manera de quedar... Después de unos días finalmente vinieron a cenar a casa. Entre el papá y yo le preparamos una sopa de letras en la que, una vez resuelta, con las letras que quedaban se leía una frase que no recuerdo exactamente, pero que acababa con la palabra SOBRIN@.

Mi hermano leyendo la frase, sentado en el sofá, una y otra vez. Parecía que no caía. La tía (mi cuñada) diciéndole: Xavi, sobrino!!! Y él repitiendo sobrino, sobrina Y se levanta del sofá de un salto SOBRINO!!! ¡Lo que nos reímos! Besos y abrazos. Necesitó de un tiempo para aterrizar, también. Si hubiera sabido que era por esto, hubiera venido antes... Si es que los bebés tienen prioridad.

Con los amigos también tiene su gracia, porque siempre decían que no podría esconder un embarazo. Y es que me encanta el vino. No suelo beber, pero un buen vino si salimos a cenar, es siempre mi capricho. Así se enteraron: me ofrecieron vino y dije que no. No había que decir mucho más...

Por lo demás fuimos bastante discretos. No lo escondíamos pero tampoco lo íbamos proclamando a los cuatro vientos. Prudencia, miedo y una parte de no querer compartir, de proteger quizás. No sé...Unas pequeñas pérdidas a las pocas semanas también nos hicieron esperar.

Ahora me parece tan bonito. Siento cierta nostalgia por esa alegría, a pesar de la contención y el miedo. Nunca me he sentido más especial, más poderosa que entonces. Habíamos creado vida.

dijous, 4 d’abril de 2013

El mar de mis hijas

"El mar es tripa" escuché decir una vez. Estoy de acuerdo. El mar me conecta con mi parte más visceral y eso es muy complicado en alguien tan cerebral como yo.

Quizás por ello decidí ubicar a mis hijas en el mar. Realmente allí no están sus cuerpos. No los recuperamos, ni siquiera sabíamos que fuera posible. Pero no importa. Allí dejamos ir sus flores, sus símbolos. En el mar nos despedimos de ellas, las dejamos ir. En el mar las siento cerca. 

Si hubiera podido hacerlo, allí hubiera dejado sus cenizas. No me imagino a mis niñas en un cementerio. Prefiero su mar, las olas, el viento, las rocas, la arena, el paseo hasta llegar allí... 

Hemos ido a pasar unos días al mar de nuestras hijas. "A llevarles flores a las niñas" que decimos nosotros. Les llevamos las que nos regalaron en Semana Santa. ¡Vaya olas! Las flores no hacían más que volver a la orilla, una y otra vez. 


Así que el papá les preparó un jarrón natural de roca y agua salada.


El día después el mar se había calmado y fuimos a la playa. Las olas habían llevado a la orilla una gran cantidad de piedras. Con ellas escribimos su nombre en la arena.



Es bonito hacer estos rituales ahora, cuando el dolor ya se fue. Se queda otro sabor de boca, todo es dulzura. Había risas porque los perros querían coger las piedras y se unían a escarbar si intentaba escribir en la arena. Se ve que ellos querían colaborar también. Fue bonito y agradable.

Han sido días preciosos de pareja, de familia. Disfrutando de mi vida, de ésta, de la de ahora.

dimecres, 3 d’abril de 2013

Si miras más allá

Mónica Álvarez ha propuesto un carnaval de blogs desde su página Duelo gestacional y perinatal para celebrar el primer aniversario de la Comunidad de Duelo.


Me ha parecido muy bonita la idea de llegar a muchas madres que hayan sufrido alguna pérdida y como dice Mónica también llegar a muchas mujeres que pasarán por ello algún día y decirles que no tengan miedo, que el dolor aprieta pero no ahoga, que nos transforma y nos convierte en mejores personas si nos dejamos guiar.

Con este carnaval queremos difundir desde una imagen positiva nuestras reflexiones acerca de la pérdida en el embarazo y parto.

Para ello reedito una entrada que escribí hace tiempo. A medida que pasa el tiempo aumentan los nombres de bebés que se fueron demasiado pronto. Es inevitable. Las pérdidas gestacionales y perinatales ocurren y, por desgracia, seguirán ocurriendo.

Pero es importante saber que sus mamás no estamos solas en el camino del duelo y, sobre todo, que se puede volver a sonreír, sin necesidad de olvidar. Porque ell@s fueron y son, existieron y EXISTEN.

Existen, ¿no lo véis? 

Se llaman Júlia y Aina, Olalla y Ángel, Marta, Ona y Abril, Marco y Julia, Joan, Àngel, Rocío, Héctor y Diego, Lucía, Salomé, Ludmila, estrellita, cigronet, Gabriela, Daniela, Nora y Saúl, Àuria y Eira, Álvaro, Gonzalo, Víctor, Tiago, lentejita, Alejandro, Helena, Joane, Sebastián y Sophía, Mateo, Jorge y Julio, Mario, Óscar, Jose y Álex, Gala, Claudia, Carla, César, Genís, Adrián, Hebe y Noah, Daniel, Queralt, Ainhoa, Kai y Altair, Blanca, Peru, Dolça, Oliver, Karla e Iván, Tristán, Teo, Álvaro y Manuel Jesús, Oriol, Guillermo, Martín, Maya, Airam, Claudia, Cora, Quim, Uma ... 

Si miras más allá de lo que ven tus ojos...